La tarea más difícil es empezar. Y la clave está en conseguirlo en el momento justo y de las formas más adecuadas, no puedes empezar la casa por el tejado ni tampoco empezar comiendo por el postre. También debes de ser consciente de si tú misma estás preparada para ello, y ahí lo más complicado. He aprendido que los días pasan como el colorete en las mejillas y que sin darte cuenta ya es demasiado tarde. Pero tarde para qué, y ni siquiera tú lo sabes. Y esas es una de las miles y millones de cosas que no entiendo. Que no se lo que quiero ni lo que tengo. Tampoco tengo la menor idea de que voy hacer mañana y esto no se si es bueno o es malo, o simplemente sea. Pero también he aprendido que si tú no disfrutas nadie lo va hacer por ti, que no puedes depender de la sonrisa de otra persona porque tú eres la que más necesita sonreír. Pero para eso, afortunadamente nunca es tarde.